Nuestra democracia es imperfecta, inacabada y muchas veces frustrante. A pesar de todo, es una conquista civilizatoria que no puede ser arrancada de nuestras manos para ser entregada a milicianos y golpistas.
La movilización de los últimos días en Brasil, que impulsó el histórico vuelco en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, me recuerda la campaña de las “Diretas Já!”. Hoy, como en los años 80, surgió de las manifestaciones callejeras la conciencia de que la democracia no es una dádiva, sino una construcción colectiva, por la cual cada generación debe asumir su responsabilidad.
Fue emocionante presenciar la fuerza de la ciudadanía activa. En las marchas, en las redes sociales, en las conversaciones y en el cara a cara, brasileñas y brasileños de distintos orígenes, generaciones y convicciones políticas se movilizaron y contribuyeron a la victoria de Lula sobre Bolsonaro.
Todo esto trae a la memoria los legados de Tancredo Neves, Ulysses Guimarães, Franco Montoro, Fernando Henrique Cardoso y tantos otros que ayudaron a reconstruir nuestras instituciones democráticas después de la dictadura militar. Mi participación desde 2023 en el Consejo de Desarrollo Económico Social Sostenible de la Presidencia de la República (el “Conselhão”), aun manteniendo diferencias importantes con el gobierno de Lula, nació de esa misma convicción: es posible tender puentes entre personas que piensan distinto y trabajar juntas en defensa de las instituciones democráticas.
No necesitamos estar de acuerdo en todo para reconocer aquello que nos une. La democracia exige diálogo, coraje, generosidad y, sobre todo, responsabilidad con el destino colectivo.
Sin embargo, hay que recordar que no existe democracia plena en un país donde a millones de personas todavía se les niegan sus derechos más básicos, su dignidad y el sentido de pertenencia.
La ciudadanía no se agota en las urnas. Es un compromiso que se renueva todos los días. Que nunca nos falte coraje para defender la democracia, humildad para convivir con nuestras diferencias y amor por Brasil para construir lo que aún nos falta.
Un abrazo cariñoso y lleno de esperanza,
Patrícia Villela Marino
Presidenta del Instituto Humanitas360
(Foto: Paulo Pinto/Agência Brasil)
