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El siguiente artículo, firmado por la presidenta del Instituto Humanitas360, Patrícia Villela Marino, fue publicado originalmente en el periódico Folha de S.Paulo el 11 de febrero.

El nombramiento de Stanley Richards, un ex recluso, como comisionado del sistema carcelario de la ciudad de Nueva York es un hito histórico. No solo por romper un tabú, con un ex presidiario ahora liderando las cárceles de una de las ciudades más grandes del mundo, sino porque señala, de forma contundente, que la resocialización puede dejar de ser promesa y convertirse en política pública concreta. Esto lo cambia todo.

Al nombrarlo, el alcalde Zohran Mamdani no solo reconoce el fracaso de la política penal punitiva, sino que da un paso audaz hacia un modelo basado en justicia restaurativa, dignidad humana y escucha de quienes vivieron el encarcelamiento en carne propia.

Es lo opuesto al populismo penal que arrasa no solo Brasil, sino varios países del mundo—y que aquí se alimenta, paradójicamente, de una crisis de confianza institucional creada por el propio crimen cuando este se infiltra en los tres poderes, haciéndose pasar por sistema.

Mientras aquí se aprueba el fin de las «salidas temporales», una de las pocas políticas eficaces de reintegración social, allá se apuesta por la experiencia vivida como activo institucional. No reconocer esta realidad es ser negacionista y fortalecer justamente el punitivismo que prospera en la erosión de la confianza pública.

En el Instituto Humanitas360, que presido desde hace casi una década, apostamos por este paradigma desde siempre. Desarrollamos e incubamos cooperativas sociales en unidades carcelarias brasileñas, promoviendo trabajo digno para mujeres encarceladas y ex reclusas.

Creamos, en alianza con el sector público y la sociedad civil, un modelo basado en el emprendimiento cívico-social, capaz de rescatar la autoestima, generar ingresos y reducir drásticamente la reincidencia criminal. Nuestra marca social, Tereza, nació de esta experiencia y hoy es liderada por una ex reclusa.

Pero es indiscutible que debemos ir más allá como sociedad civil y como instituciones que no quieren vivir en un Brasil que defraudó y sigue defraudando la confianza de su población. Hemos hecho incidencia por el fin de la pena de multa, una trampa jurídica que transforma la libertad en deuda, y por la recuperación de las salidas temporales, un derecho históricamente asociado a la reintegración social y cruelmente abolido por el Congreso Nacional.

En la comedia de errores que es nuestro populismo penal, conviene observar que el corrupto del sector empresarial, tan presente en las noticias, y el político corruptor, que usurpa el presupuesto público en enmiendas sin fin, son tan criminales como aquel que infringió normas de convivencia. Tal vez más.

Esto es porque aniquilan nuestra confianza en el ser humano y, al hacerlo, desconocen e imposibilitan la resocialización de quienes cumplen condena. Cuando las instituciones fallan, cada encarcelado se convierte también en víctima de esta traición colectiva.

Nuestro brazo internacional, Humanitas360 Institute, con sede en Colorado, donde actualmente me encuentro trabajando, está construyendo puentes con experiencias similares en Estados Unidos. Nueva York, ahora bajo el liderazgo de Richards, se convierte en un territorio prioritario para este intercambio de saberes. Allá como acá, lo que está en juego es la disputa por un modelo de justicia: la que castiga eternamente o la que apuesta por la reparación.

Creemos que es hora de pensar globalmente y actuar localmente. El encarcelamiento masivo es un fenómeno transnacional, cuyas raíces están en políticas racistas, excluyentes e ineficaces.

Brasil es hoy el tercer país que más encarcela en el mundo, con más de 830 mil personas presas, muchas de ellas por delitos no violentos y con baja escolaridad. Si encarcelar resolviera, seríamos los más seguros. No lo somos.

Con más de 30 años dedicados a la reinserción social de ex reclusos como él a través de la ONG The Fortune Society, Richards representa lo más potente en la lucha por la justicia: la posibilidad de convertir el dolor en acción transformadora.

Al confiarle la misión de reformar el sistema que lo encarceló, Nueva York elige el camino del coraje. Un camino que hemos recorrido en Brasil, muchas veces a pesar del Estado, pero con firmeza, resultados y esperanza.

Que este nombramiento se lea como lo que realmente es: un punto de inflexión. Y que inspire a otras ciudades, otros países, otros líderes a percibir que la justicia punitiva no es solución—es parte del problema.

La verdadera seguridad nace del reconocimiento de la dignidad humana. Y la verdadera reintegración comienza cuando creemos que nadie debe ser definido por el peor error que cometió. Stanley Richards nos está diciendo exactamente eso. Brasil necesita escuchar.

Patrícia Villela Marino
Abogada, es presidenta del Instituto Humanitas360

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