El siguiente artículo, escrito por la presidenta del Instituto Humanitas360, Patrícia Villela Marino, y el director ejecutivo del Instituto Escolhas, Sergio Leitão, fue publicado originalmente en el diario O Globo el 5 de abril.
Cada día puede ser el día del agro
Por Patrícia Villela Marino y Sergio Leitão
El agronegocio brasileño tiene mucho que celebrar cada día: el país es el mayor productor de soja del mundo desde 2019, el sector agropecuario representa casi la mitad de las exportaciones nacionales y alimenta a cientos de millones de personas en decenas de países. Sin exagerar, el campo brasileño es uno de los motores más potentes de la economía global. Pero todo motor necesita mantenimiento, y el nuestro está dando señales de desgaste.
Datos recientes del Instituto Escolhas muestran que el protagonismo de la soja se ha sostenido más por el aumento en el uso de insumos químicos que por ganancias reales de productividad. En 1993, un kilogramo de pesticida producía 23 bolsas de soja; en 2023, apenas siete. Con los fertilizantes ocurre lo mismo: una tonelada rendía 517 bolsas en 1993, frente a 333 en 2022. Los costos para el productor siguieron esa escalada: en 2013, se necesitaban 11 bolsas por hectárea para cubrir los gastos en semillas, pesticidas y fertilizantes; en 2023, esa cifra saltó a 23. Nadie cuestiona el éxito del agronegocio. Pero preocupa que el modelo actual erosione, cosecha tras cosecha, los ingresos de quienes más producen.
¿Dónde entran las alternativas? Una de las menos discutidas en Brasil, pero muy prometedora en el resto del mundo, es el Cáñamo industrial. Según estimaciones internacionales, el Cáñamo mueve entre 5.000 y 7.000 millones de dólares a nivel global, con proyecciones de crecimiento anual de entre el 16% y el 24% en la próxima década. Más de 60 países ya han regulado su cultivo: Canadá, China, Estados Unidos, Francia, Colombia, Paraguay, Uruguay… La lista es larga, y Brasil no figura en ella.
Lo que hace al Cáñamo especialmente atractivo para el productor brasileño son sus beneficios agronómicos concretos. En rotación con soja, maíz y trigo, el Cáñamo incrementa entre un 10% y un 20% la productividad de la cosecha siguiente, ya que regenera el suelo y rompe los ciclos de plagas. Requiere pocos pesticidas, consume alrededor de un 75% menos de agua que el algodón para producir la misma cantidad de fibra y captura carbono a niveles comparables a los de un bosque en crecimiento.
Francia, la mayor productora de Cáñamo de Europa, ilustra bien ese potencial. Con apenas el 21% de la superficie cultivada global, representa el 47% de la producción mundial de fibra de Cáñamo, sin uso de pesticidas y con una fuerte participación de cooperativas locales.
Sí, en Brasil el Cáñamo carga con el peso de una asociación equivocada con el cannabis psicoactivo. Pero la propia Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU distingue el cultivo para fines industriales — fibras y semillas — del uso psicoactivo. En 2024, el Superior Tribunal de Justicia de Brasil ordenó a la Anvisa reglamentar el cultivo de cannabis medicinal con hasta un 0,3% de THC, el mismo límite que define al Cáñamo industrial en el mundo. En enero de 2026, la Anvisa cumplió la decisión y aprobó cinco resoluciones que autorizan el cultivo regulado en el país.
Es un primer paso. Pero el uso industrial pleno — para fibras, semillas y derivados — aún requiere una normativa específica. Los proyectos de ley correspondientes avanzan tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. La pregunta ya no es si Brasil regulará el Cáñamo, sino cuándo — y si lo hará a tiempo de no perder una ventana competitiva que decenas de países ya están aprovechando.
La soja, que ocupa el 47,5% de la superficie cultivada del país, no necesita competidores. Necesita socios. El Cáñamo industrial es un cultivo complementario que fortalece el suelo, reduce los costos de insumos y abre mercados en sectores tan diversos como la construcción, el textil, la alimentación, los bioplásticos y la cosmética. Puede integrarse en una agenda de innovación que beneficie directamente al productor.
Cada día puede ser el día del agro. Pero que sea un agro cada vez más diversificado, más sostenible y con más opciones para quienes producen y para quienes consumen. Brasil tiene el suelo, el clima, la tradición agrícola y la escala para liderar esta frontera. Solo falta tomar la decisión de abrir la tranquera.
Patrícia Villela Marino es abogada y presidenta del Instituto Humanitas360. Sergio Leitão es abogado y director ejecutivo del Instituto Escolhas.
